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la Vª Internacional

La Declaración de Caracas y la Vª Internacional    

por: Guillermo Almeyra    29/11/09
La reunión en Caracas de los partidos de izquierda (muchos de los cuales, como el PRI mexicano o el PC chino, no lo son) terminó con una declaración que convoca a una absolutamente necesaria y urgente acción común contra los planes del imperialismo ante la cual ningún antiimperialista puede quedar sin responder. En la misma reunión, Hugo Chávez, llamó a formar la Vª Internacional, cosa que, en cambio, debería ser considerada con cautela para no quemar etapas por apresuramiento dañando incluso la construcción de un amplio frente antiimperialista y antibélico y crear trabas a la creación, sin duda necesaria, de un organismo político unificador socialista que hoy todavía no aparece en el horizonte político. Conviene al respecto observar la experiencia histórica.
Cuando Hugo Chávez fundó  el Partido Socialista Unificado de Venezuela, éste surgió de su decisión –lo cual no es incorrecto— pero no se basó en una discusión amplia de un programa y de unos estatutos antes de concretar las estructuras partidarias y de elegir la dirección. El Partido Unificado no surgió, pues, de la unificación de los partidos que apoyaban el proceso revolucionario, y sus ideas socialistas no nacieron de una definición previa de qué se entiende por socialismo, sobre qué no fue socialismo en el pasado reciente, sobre cómo se conjugan socialismo y democracia, de qué relaciones habrá entre el partido y el aparato estatal revolucionario, ni de cómo asegurar una amplia democracia interna que permita evitar el peligro de burocratización del partido recién fundado mediante una resolución presidencial.
La breve historia, hasta ahora, del PSUV, desgraciadamente confirmó las opiniones de los críticos de izquierda que dijeron que su formación debía ser el resultado, en vez del comienzo, de un proceso de elaboración de ideas y que el partido no podía depender del Estado, independientemente de que a la cabeza de éste el presidente –y su fundador— fuese un militante abierto y revolucionario. Por eso en el PSUV conviven actualmente tendencias ideológicas contrapuestas y hay fuerzas oportunistas y burocratizantes, enemigas de la democracia interna, que chocan todos los días con los sectores democráticos y revolucionarios, que trabajan para la autoorganización de los trabajadores y hasta para la autogestión. El partido no ha podido definir su programa socialista y sus objetivos, más allá de algunas consignas antiimperialistas generales, ni tiene claros cuáles son los objetivos en la actual situación nacional e internacional que vive la revolución venezolana.
La propuesta –también de Chávez— de constituir en abril próximo la Vª Internacional Socialista a partir de partidos y movimientos que son antiimperialistas, pero no socialistas, plantea por lo tanto diversos problemas.
En primer lugar, cuatro meses son muy pocos para hacer un balance de qué sucedió con la IIIª Internacional (que primero fue sometida al control de la burocracia soviética y terminó por ser disuelta, sin siquiera consultar a sus miembros, por Stalin, que quería demostrar a su aliados imperialistas estadounidenses e ingleses que no deseaba producir ningún cambio social en el mundo). En ese lapso breve de apenas 120 días no se puede discutir la experiencia de los Partidos Comunistas latinoamericanos,  ni sus ideas, su organización interna, su verticalismo, su dependencia de un centro burocrático, para vacunarse contra la repetición del “socialismo real”. Tampoco se puede hacer un balance de por qué no se desarrolló la IVª Internacional y estudiar los errores en su experiencia y en sus ideas programáticas y su tipo de funcionamiento. No hay tiempo para tratar de definir mejor qué características tendría el llamado socialismo del siglo XXI y de las relaciones entre el partido y el Estado, para evitar la identificación entre ambos y la subordinación del primero al carácter aún capitalista de Estado, y no socialista, del segundo.
En segundo lugar, si bien es indispensable coordinar y unificar internacionalmente a todos los movimientos y tendencias antiimperialistas, sean éstos nacionalistas revolucionarios, socialcristianos, libertarios o socialistas de diversas tendencias, sería indispensable llamar a las cosas por su nombre y no calificar de socialistas a quienes socialistas no son (o no lo son todavía), para no dar por hecho lo que hay que conquistar. ¿Acaso la izquierda liberal colombiana declara ser socialista? ¿Qué dice de sí mismo el ecuatoriano Alianza País? ¿El sandinismo se dice socialista? ¿El PRI mexicano sería socialista?
La indispensable y amplia discusión sobre cuál debería ser el programa de una Vª Internacional socialista, precisamente, mostraría en cambio si existen las condiciones para no forzar la fase de unidad antiimperialista con el programa contenido en la declaración de Caracas de los partidos de izquierda y, al mismo tiempo, para elevar el nivel político de partidos muy heterogéneos y de sus bases en sus respectivos países, de modo que la Vª Internacional propuesta tuviese un apoyo y una fuerza real y no se rompiese en la primera coyuntura complicada. Un período de acción común en una organización permanente de Frente Antiimperialista amplio y democrático podría favorecer la discusión y la elaboración programática y seleccionar los cuadros.
Por último, aunque una Internacional Socialista, por supuesto, puede estar formada por partidos que están en sus respectivos gobiernos, no puede sin embargo depender de ninguno de ellos sin correr el riesgo de morir asfixiada por las necesidades políticas y los virajes de los mismos. La Internacional y los partidos deben, por el contrario, garantizar con su independencia y con su crítica que los gobiernos que apoyan mantengan una línea democrática y revolucionaria, en la vía de la construcción del socialismo.
Obviamente, aún es muy temprano para una definición clara ante una propuesta que debe ser todavía concretada. Si la Vª Internacional propuesta naciese como un Frente Mundial Antiimperialista y el adjetivo “socialista” marcase solamente una caracterización teórica, todos los revolucionarios tendrían la obligación de incorporarse a la nueva organización mundial. Si pretendiese, por el contrario, encuadrar desde arriba, desde los Estados, los movimientos sociales antiimperialistas y anticapitalistas, el apoyo, en cambio, debería ser puntual, a tal o cual posición o llamado.
Es de esperar, por consiguiente, que el proceso de construcción de la tan indispensable Vª Internacional no coloque la carreta delante de los bueyes, ni quiera apresurar, por voluntarismo, el tiempo de maduración de las conciencias en la lucha por el socialismo   
Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.


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www.sinpermiso.info, 29 noviembre 2009